El predicador

A la aparición de Los predicadores en El Siglo precedió una carta enviada por uno de «los  predicadores» que se citan, el Sr. Cacho. Hela aquí:

En Aravaca, a 12 de abril de 2013 Sr. D. Joaquín Leguina.

Muy señor mío:

Creo que usted y yo no nos conocemos, no nos hemos saludado nunca, porque nuestras vidas han discurrido por derroteros distintos, a menos, claro está, que me falle la memoria, cosa nada extraña a partir de cierta edad.

Por eso me asombra la fijación que desde hace tiempo viene dando muestras de tener con mi modesta persona. Hace ya años, posiblemente 10 años más o menos, le oí ponerme de chupa de dómine en una radio, no recuerdo en cual. Tampoco recuerdo los términos exactos pero, en fin, usted venía a decir que yo era un periodista venal, un periodista vendido, es decir, un corrupto de tomo y lomo. Creo que sólo le faltó poner el adjetivo “corrupto”.

Esta semana ha caído en mis manos un escrito suyo titulado “Los Predicadores” que, al menos que yo sepa, ha distribuido entre sus admiradores y amigos, aunque desconozco si ha sido publicado en algún medio.

Y vuelve usted por sus fueros: Jesús Cacho es un corrupto. No lo dice tal cual, claro está, que el valor es mercancía más bien escasa en esta tierra de pan llevar, pero claramente se deduce del texto que se ha tomado la molestia de reproducir, texto cuya coletilla, de su puño y letra, reza así: “Un ditirambo untuoso que Cacho publicó (¿y cobró?) cuando ya eran notorias las andanzas del señor De la Rosa en la banca Garriga Nogués…”

Curioso, desentierra usted un texto mío en el diario El Mundo del año 1989, de hace ya 24 años, y lo hace en el mismo artículo (Los Predicadores) en el que también critica agriamente el hecho de que “El País nos obsequie con unas fotos de hace 20 años donde aparece el actual presidente de Galicia…” A eso se le llama coherencia, señor mío.

Es muy posible que esas siete u ocho líneas referidas a De la Rosa no sean las mejores que he escrito en mi vida pero, ¿realmente son tan graves como para merecer una condena tan severa, una acusación tan explícita? Al margen de que no hay cristiano que, gustándole escribir, como es su caso, pueda resistir la “prueba del algodón” de la hemeroteca, ese texto mío que usted cita ¿merece realmente una insinuación tan brutal como la de haber “cobrado”…?

Seguro que si usted hubiera seguido con su ejercicio de rastreo del pasado se habría topado con escritos manifiestamente más cargados de bombo que los míos hacia los personajes que usted cita, porque, por aquellas fechas, eran cientos, miles, decenas de miles, centenas de miles los españoles de toda laya y condición –desde luego toda la clase periodista madrileña, y naturalmente toda su clase política- que hacían cola, del Rey abajo todo el mundo, esperando ser recibidos por De la Rosa o por Conde para conseguir de ellos aunque sólo fuera una palmada en la espalda.

Yo nunca estuve en esa cola, nunca, ¿sabe usted?, porque mi padre, un modesto agricultor de la Tierra de Campos palentina, me enseñó a ser un hombre libre y caminar con la frente alta (“la dignidad de la andadura vertical y del paso erguido del hombre” que decía Bloch); me enseñó a vivir debajo de un puente y a ganarme la vida con mi trabajo y esfuerzo; con su ejemplo me mostró, en definitiva, el camino de los hombres honrados, y en esos parámetros morales me he desenvuelto siempre.

Pero usted opina lo contrario. Usted parece disponer de pruebas bastantes que muestran y demuestran que yo soy un corrupto de armas tomar. Le animo encarecidamente a que las haga públicas; no se reprima, hombre de Dios, sáquelas a la luz, no espere ni un día más; tiene usted soportes suficientes para hacerlo: dispone de su blog en internet, escribe en revistas, charla en programas de radio… Anímese, muestre en público esas pruebas, y haciéndolo así le dará una gran alegría a algún que otro banquero y poderoso de este país, y también a algunos de sus conmilitones, mayormente radicados en la izquierda felipista, vertiente “cebrianita” y demás.

Pero, por mucho empeño que le ponga en este tipo de acusaciones típicamente fascistas que usted practica, no va a poder demostrar nada. No va a poder porque yo no me he corrompido nunca. Es posible que, como dice el dicho, todo el mundo tenga un precio, no lo sé; lo que sí sé es que aún no ha nacido el español con dinero suficiente para comprar a Jesús Cacho. ¿Qué quiere que le haga? Siento de verdad no poder dar esa satisfacción a tanto miserable como pulula por este país, pero así son las cosas. Uno ha tenido siempre querencia a vivir modestamente, sin casas, sin pisos, sin coches… ¿Desea usted que le muestre cómo vivo, de qué vivo, cuáles son mis propiedades, qué dinero tengo en el banco? Estoy dispuesto a hacerlo.

Por eso desde que me remitieron su escrito Los Predicadores (sí, de niño me eduque con los Dominicos de Corias, Asturias, ahí sí que acertó Leguina, y algo me debió quedar de “predicador”) no salgo de mi asombro. ¿Cómo puede alguien supuestamente culto como usted, alguien con 72 años a cuestas, ser tan canalla, tan mala persona, como para perseverar durante años en la calumnia de mi supuesta condición de corrupto? Es posible que usted no le dé valor a una cosa que los castellanos viejos llamamos honor, pero yo sí se la doy –también me lo enseñó mi padre-, y también se la dan mis hijas, y mis hermanos y hermanas, y mis muchos amigos…  ¿Cómo se puede tolerar durante tantos años un insulto como el que usted me procura, desconozco por qué razones?

Bueno, sí, su mezquindad viene esta vez motivada porque, al parecer, a Joaquín Leguina no le gusta lo que Jesús Cacho escribe sobre nuestro Monarca, éste sí, corrupto de los pies a la cabeza. Con 72 años de edad, ¿no le da a usted un poco de vergüenza haberse convertido en mamporrero de Juan Carlos I…?

Le animo, pues, y encarecidamente, a que despeje de una vez por todas la incógnita y saque a la luz esas pruebas irrefutables que sin duda guarda desde hace tiempo sobre mi condición de corrupto. Hágalo, por favor. Pero aténgase a las consecuencias. Yo no voy a ir a los juzgados. Voy a ir a por usted. Se lo repetiré, voy a ir a por usted, porque ya no es tiempo de tocar la lira: es hora de pasar a la acción contra la canalla difamadora, sea de derechas o de izquierdas. Está usted advertido. Por primera y única y última vez.

Atentamente, Jesús Cacho.

Después de la publicación, llegó el siguiente mensaje:

De: Jesus Cacho Cortes

Enviado el: martes, 16 de abril de 2013 12:06
Para: LEGUINA HERRAN, JOAQUIN
Asunto: De J Cacho.

Para JOAQUÍN LEGUINA:

Me anuncian que el texto de marras sobre Los Predicadores ha sido publicado en la revista El Siglo. Adelante con los faroles.

Sólo una puntualización: ¿no sería tu madre la que cobraba mientras hacia la carrera, hijo de la gran puta…?

Reitero lo dicho en el texto que te dirigí hace unos días: voy a ir a por ti, y que como te encuentre, cuando te encuentre, te voy a dar dos hostias sin previo aviso. Es lo que mereces por lameculos real, canalla e hijo de puta.

Cuídate mucho. Jesús Cacho.

Sin comentarios por nuestra parte.

 

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