El viacrucis español

Suena el despertador y uno enciende la radio. Allí está el locutor de cada mañana comentándonos –un día sí y otro también- los “recortes” anunciados por el Gobierno o las desgracias que los especuladores (inversores, dice él) produjeron en la bolsa ayer.
Los negros heraldos que nos vienen golpeando el hígado desde hace más de cuatro años no nos dejan en paz ni durante las vacaciones de Semana Santa. En efecto, el Jueves Santo hemos almorzado bajo las negras nubes traídas por la borrasca y las no menos negras noticias según las cuales “la prima de riesgo española se ha disparado por encima de los 400 puntos” y durante la semana en curso la bolsa vuelve a bajar mientras la prima de riesgo sigue subiendo.
¿Qué ha pasado?, me pregunto y pronto obtengo la respuesta de los oráculos que se arrogan el privilegio de dar voz a esos dioses airados y mudos que son los mercados. Según estos intérpretes (por cierto, ¿quién les ha autorizado a serlo?), lo que ha pasado es que las reformas (laborales, financieras…) y los recortes ya realizados, así como los anunciados en el proyecto de Presupuestos para 2012 no acaban de convencer a los siempre reticentes mercados. Los mercados también se resienten a causa de la tasa de paro y la recesión previstas por el Gobierno, que no auguran nada bueno. Por eso exigen que se bajen drásticamente los gastos en Sanidad y en Educación. Vamos, que “te cases o te quedes soltero”, para los mercados siempre cometerás un error.
Cuando en 2008 fueron descubiertas las hipotecas basura y otras trapacerías bancarias y mientras los Estados, comenzando por la Reserva Federal norteamericana, inyectaban dinero a espuertas para que los bancos pudieran sobrevivir, los grandes líderes de Occidente hablaron de “poner coto a los desmanes financieros” (Obama) o de “refundar el capitalismo” (Sarkozy). Han pasado tres años desde entonces y ¿qué se ha hecho? Absolutamente nada.
Se me permitirá una coda acerca de los mercados financieros. Imaginemos que unos especuladores venden a primera hora de la mañana deuda española creando con sus bulos el pánico entre los tenedores de esa deuda, que se apresuran, ellos también, a vender. El valor de los bonos españoles caerá en picado y les permitirá a los especuladores comprar barato al final de la mañana lo que vendieron caro a primera hora.
Si las transacciones financieras se parecen cada vez más al blackjack y a la ruleta, ¿por qué no ponerle un precio al vicio, como en cualquier casino?

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