“La primavera”, cuadro sobre cuyo significado cabal sigue discutiéndose, fue pintado por Botticelli tras su vuelta a Florencia desde Roma (1482) y, según las últimas investigaciones, no fue un encargo de Lorenzo (“El Magnífico”) sino de un primo y protegido suyo, Lorenzo di Pierfrancesco.
Botticelli se inspiró para “La primavera” en versos de Ovidio y también en el “Rerum Natura” de Lucrecio, según los cuales el inicio de la primavera significa la transformación de la ninfa Cloris en Flora, que es el personaje principal del cuadro. Bellísimo rostro que según los expertos corresponde a Simonetta Cattanei.
La Cattanei, esposa de Marco Vespucci y amante de Giuliano de Medicis, ya había muerto cuando el pintor comenzó su cuadro. El pintor no hace sino mostrar sus sentimientos amorosos hacia Simonetta, cuyo rostro y figura conocía bien. Ella ha partido y aparece el miedo al abandono.
El espectador está ante un cuadro nostálgico y, aunque el desamor o el abandono no aparezcan en él como hechos «probados», el pintor transmite su propia inseguridad. Es la crónica de un amor que se aleja. Un sentimiento que el pintor siente en su corazón cuando el temor por la pérdida del ser amado se conserva, sin que exista un hilo de esperanza. Y evidentemente, su sentimiento se acrecienta cuando sentimos todavía próximo el desenlace fatal que ha acabado con el ser amado. A eso se le llama duelo. A partir de ese momento, no puede hablarse de expresión de dolor, de abandono o de vacío. El cerebro se confunde ante el absurdo que significa la desaparición de quien creíamos imprescindible para sentirnos vivos y, a pesar de ello, constatamos que seguimos viviendo sin el ser amado.
De ese dolor y de su entorno da cuenta esta obra, pintada con aire sostenido, que nos trae y nos lleva a una Florencia revivida en su siglo XV y también a la actual, que seguramente sigue siendo la misma. No sé si abuso si digo que Botticelli pretende mostrar en su limpia paleta una grandeza: la insoportable soledad del ser humano ante sus propios sentimientos.
5 ideas sobre “La primavera”
¡Muy bueno! La verdad. me ha encantado. Y que interprete el cuadro exactamente al revés que todo el mundo, lo mejor. Ya lo dijo Don Ramón: «En este mundo traidor…» . Pero me preocupa que esté leyendo a Gil de Biedma, a la vez.
Muy original tu interpretación «sentimental» de la Primavera. Me gustan los planteamientos contracorriente, pero no me queda claro de dónde sale la idea de que Bottichelli había sido amante de la amante de Giuliano de Medici. Hubiera jurado (mala influencia de malas lecturas) que a Bottichelli no se le conoció pareja femenina y que Simonetta estaba representada en este cuadro por una de las gracias, concretamente la que mira a Mercurio, que sería el propio Giuliano de Medici…
Bellísimo artículo, la belleza debe permanecer siempre.
Extraordinario final, el ser humano nunca llega a entenderse del todo así mismo, nace desnudo y muere de la misma forma, la soledad ante uno mismo es una gran verdad.
¿ Puedo acompañar a este cuadro con música?, con su permiso, Señor Leguina.