
Dentro del PSOE, partido hoy gobernante, ha pasado de todo en estos tres años: defenestración de Pedro Sánchez y retorno triunfante de él mismo. Un retorno al que ha seguido una auténtica purga silenciosa y tenaz contra todo aquel que no comulgó ni comulga con las ideas, tan firmes como efímeras, del líder-propietario del viejo partido.
El 20 de diciembre de 2015 se celebraron en España elecciones generales (un aniversario que casi nadie –y con mucha razón- ha querido recordar). Como resultado de aquellos comicios el panorama político anterior quedó patas arriba y tres años después la situación sigue más o menos igual, aunque en el ínterin hayan pasado muchas cosas: nuevas elecciones generales, una moción de censura y su consiguiente cambio de Gobierno.
En verdad, estos tres años han sido para olvidar, quizá por eso se han olvidado. Los dos Gobiernos que han ocupado la Moncloa durante este trienio no han sido capaces de poner en marcha una sola acción digna de ser mencionada. Como ha escrito Lucía Méndez, hemos asistido a una “política compulsiva, predominio de las emociones y el parlamentarismo como espectáculo. Nunca el Parlamento español trabajó tanto, y nunca su labor tuvo tan pocos resultados que permitieran mejorar la vida de los ciudadanos […] Cuatro líderes nuevos, jóvenes, combativos, guerreros, resueltos y lanzados que pelean diariamente a brazo partido por consolidar su personal posición interna, y marcar territorio en relación con sus adversarios”.
Esta descripción de Méndez denuncia, bajo la ironía, uno de los defectos que maltratan a la política española: el de los líderes inconsistentes que están más preocupados por su ascenso y mantenimiento personales que por el futuro de su propio partido, para no hablar de su absoluto olvido de los intereses generales. Se trata de líderes que, en su mayoría, nunca han trabajado fuera de la política y cuyo paradigma es precisamente quien hoy duerme en el palacete de la Moncloa.
Roto el “bipartidismo imperfecto”, la inestabilidad estaba servida y, como la ocasión la pintan calva, los nacionalismos periféricos, genéticamente desleales y aprovechateguis, la han utilizado para intentar destrozar la Constitución y derrotar al Estado, pero en su deriva utópica e irrealizable se olvidaron de que el Estado consta de tres poderes y uno de ellos se los va a llevar –eso espero- por delante. A pesar de su aparente moderación, el PNV sigue siendo el campeón de la deslealtad y el aprovechamiento: pacta con Rajoy un “cuponazo” y luego le exige a Sánchez que no lo toque a cambio de ayudarle en la moción de censura. Karl Popper escribió en su día que no se vota para elegir un buen gobierno sino para echar del gobierno al partido que no nos gusta o nos ha decepcionado. Claro que Popper escribió esto viviendo en el Reino Unido, donde el bipartidismo es hijo de unas normas electorales (sistema mayoritario) que lo propician, pero cuando el bipartidismo desaparece, la alternativa al gobierno que se desecha se parece más al caos que a otra cosa.
Una idea sobre “Un trienio para olvidar”
No suelo entrar en blog alguno por muchas razones que no vienen a la caso. El suyo sin embargo es un soplo de aire fresco en esta España nuestra cuyos políticos solo tienen tiempo para acicalarse y destruir lo que se construyo sin construir nada, sin una idea propia, sin una idea ajena que aporte soluciones a los problemas de los ciudadanos. Todo es una impostura ignorante para ponerse «loctyte» entre su culo y el sillón, al avión y a la paga vitalicia. Es desesperante ver que nuestra democracia se muere asesinada por estos terroristas de la política, de la palabra, de la justicia, de la honestidad, del esfuerzo, etc.. En voz alta. ¿A quien votar Sr. Leguina? Porque quiero votar, quiero ejercer el derecho que tantos esfuerzos de tantos ciudadanos costó; pero me veo impotente ante las cosas que veo y escucho de unos y otros. El gobernante de turno, o desgobernante, como se puede votar a un tipo que es capaz de destruir primero el PSOE y después el estado de derecho. La oposición, fragmentada, esperpética, sin una sola solución para nada; con la única bandera del «tu mas» ¿Al final, habrá que votar a VOX? Por lo menos son coherentes con sus ideas, aún, aunque algunas no nos gusten. Probablemente haya que votarles gracias a la intercesión continuada del resto, especialmente de Doctor Sánchez, de los siempre cobardes y desleales nacionalistas, de los podemitas infumables/feministas/animalistas y animales-intelectualmente. Incluso de Ciudadanos que no se sabe muy bien donde esta si subiendo bajando o a mitad de la escalera y por supuesto de un PP al que le falta un mucho de credibilidad. Me queda VOX o las JONS-Auténticas. ¡QUE PANORAMA! Estoy seguro que le parece deprimente, pero votaré aunque sea en blanco para ejercer mi derecho y para que de mi voto no se lleven ni un céntimo.