Urge no hacer nada

A la vista de los resultados electorales del 21 de octubre en el País Vasco y en Galicia, todos los comentaristas se han puesto de acuerdo en que lo más relevante ha sido la abultada derrota de los socialistas en ambas comunidades autónomas.

En efecto, por muchas toneladas de árnica que se quiera echar sobre el hematoma, los resultados cantan y basta con saber cuántas papeletas socialistas se metieron ahora en las urnas y cuántas se recolectaron en 2009 para llegar a una conclusión obvia: el electorado siente hoy un notable desapego hacia los socialistas, que han perdido, respecto a 2009, 174.400 votos y 9 diputados en Euskadi y 230.800 y 7 diputados en Galicia.

En las elecciones gallegas -con una participación electoral algo menor que en 2009: 63,8% frente al 64,6% de 2009- se han producido tres hechos significativos: 1) La victoria innegable del PP, que, aun bajando 135.500 votos respecto a 2009, obtiene 41 diputados, tres por encima de la mayoría absoluta. 2) La caída del PS de Galicia al 20,5% de los votos y 18 diputados lo cual lo coloca levemente por encima de su registro más bajo, el de 1997 (19,4% de los votos y 15 diputados). 3) La irrupción de una coalición de izquierdas (AGE) que con un 14% de los votos obtiene 9 diputados, resultado que, a mi entender, tiene más que ver con el carisma de Beiras y con el cabreo de muchos gallegos a causa de la crisis que con la coherencia ideológica y programática de esa coalición.

En cuanto a los resultados en el País Vasco, saltan a la vista dos contradicciones: 1) Según encuestas fiables, sólo el 30% del electorado votaría a favor de la independencia y, sin embargo, el 59,6% de los votantes lo ha hecho ahora a favor de opciones independentistas y 2) mientras  que los batasunos llamaron a la abstención en 2009 (donde hubo una participación del 64,6%), ahora que se han presentado –es verdad que en coalición- la participación (65,8%) tan solo ha crecido 1,2 puntos respecto a 2009. Lo cual quiere decir dos cosas: a) que la consigna de abstención apenas fue seguida en 2009 y b) que el llamado “proceso de paz” no ha beneficiado a los pacíficos sino a los “hijos pródigos”, a los amigos de ETA.

Sea como sea, la política en Euskadi vuelve a su “ser natural”, es decir, a que gobierne comme d’habitude el PNV, a cuyo líder habrá que agradecer al menos su discurso pluralista en la noche electoral (“Hay que gobernar un Euskadi diverso en donde nadie tiene la hegemonía completa”). Las opciones constitucionalistas sufren, pues, un revés innegable.

Veamos esto último desde el lado socialista, partido que durante la campaña no ha hecho sino reclamarse de su labor “a favor de la paz”. Pero ¿qué ha hecho el PSE a favor de la paz?

De todo menos mostrar firmeza frente a ETA y sus mariachis. En el más puro estilo zapateril, el PSE ha estado bailando la yenka (“izquierda, derecha, delante, detrás, un, dos, tres”) animado por un impulso interno (los Jesús Eguiguren, Odón Elorza y otras cabezas confusas) y por ese buenismo que les hizo creer que Arnaldo Otegui era “gente de paz”.

El tacto de codos con la “buena gente” del Constitucional para legalizar Bildu, el jugueteo (al estilo PSC) con un “vasquismo” felizmente inexistente, el abandono prematuro del acuerdo con el PP (lo que llevó a la anticipación electoral), poniendo un pretexto inverosímil (“los recortes de Rajoy”)… En fin, un equilibrismo y una equidistancia (entre nacionalismo y constitucionalismo) difíciles de entender y más difíciles de apoyar. Una confusión que no podía llevar sino a la derrota.

 Y ahora, ¿qué hará el PSOE? Lo ha dicho su Secretario de Organización: “Una profunda reflexión”. Es lo que dicen todos los derrotados la noche electoral, pero nunca se conocen los resultados de esa “profunda reflexión” porque esa reflexión jamás se hace.

En otras palabras, parece que a los líderes del PSOE lo que les urge es no hacer nada… para seguir arrastrando los pies.

En mi opinión, si el PSOE quiere sobrevivir ha de enterrar el zapaterismo (no hablo de personas sino de ideas, de actitudes y de prácticas), o en caso contrario el zapaterismo enterrará al PSOE.

He aquí un catálogo urgente por si puede interesar:

  • Abandonar definitivamente las actitudes “progres” y reincorporarse al pensamiento socialdemócrata tradicional… y ni los nacionalismos ni sus sucedáneos pertenecen a esa tradición.
  • Apartarse de los discursos fáciles y trillados según los cuales los recortes y otros desastres provenientes de la crisis se deben exclusivamente a la maldad intrínseca de la derecha y no a errores de muchos, entre ellos los del PSOE.
  • Olvidar la demagogia y buscar la racionalidad en las soluciones económicas (fiscalidad incluida) y sociales (la defensa de los servicios públicos y la persecución de los defraudadores, sean éstos ricos o pobres), propuestas que lleven a la igualdad de oportunidades…

 Y lo demás es humo.

 

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